Estás en: INICIO > CARTAS DEL SR. ARZOBISPO Carta del Sr. Arzobispo
Las Estaciones de Penitencia, Expresión de la Fe de nuestro Pueblo y Camino de Evangelización 03/03/2013<< MÁS CARTASQueridos hermanos y hermanas: Escribo esta carta semanal cuando acaba de terminar el llamado Viacrucis Magno, que finalmente hemos tenido que celebrar en la catedral, y que si ha perdido brillantez y belleza plástica, probablemente ha ganado en fervor y hondura espiritual. De cualquier forma, felicito y agradezco al Consejo de Hermandades de Sevilla por su trabajo generoso de estos meses. Mi gratitud y reconocimiento a las corporaciones que estuvieron dispuestas a prestar las imágenes de sus sagrados titulares. Estoy seguro de que para todos los que hemos participado en el piadoso ejercicio dentro de la catedral y para todos los que lo han seguido a través de la televisión, el Viacrucis ha sido un acontecimiento de gracia, Cuando faltan quince días para que las sagradas imágenes de las Hermandades de la Archidiócesis salgan a la calle en una peregrinación de fe de una belleza insuperable, quiero reflexionar en voz alta sobre estas manifestaciones que son una expresión hermosísima de la fe de nuestro pueblo y al mismo tiempo un singular camino de evangelización. Os confieso que, hace diez años, recién llegado a Andalucía, una de las cosas que más me deslumbraron fue su sin igual Semana Santa y la belleza de sus estaciones de penitencia, que como todas las realidades eclesiales están sometidas hoy a la lluvia ácida de la secularización envolvente. En más de una ocasión me he referido al peligro, si no reflejo y consciente, sí al menos involuntario e inconsciente, de subrayar y poner en primer plano la dimensión cultural de la vida de las Hermandades, con menoscabo de la entraña religiosa que les es propia. Es el peligro de la secularización interna, que conlleva el desvanecimiento de la propia identidad, que es la forma más sutil y menos repulsiva de vaciar de contenido la piedad popular. Esto sucede, sobre todo, con las estaciones de penitencia, que ciertamente encierran valores culturales, que nadie puede negar ni despreciar. Sin embargo, en muchos casos, la secularización las ha despojado del atuendo espiritual que les es propio, como expresión de la fe de la Iglesia y como acto de culto. Las ha situado en clave cultural, como espectáculo tradicional, con connotaciones sentimentales, folclóricas, estéticas o costumbristas, susceptible incluso de ser declarado de interés turístico. Esta nueva perspectiva supone una mutación no pequeña en su identidad originaria. Desde esta clave, nuestras hermosísimas estaciones de penitencia, despojadas del misterio, quedan vaciadas del contenido original que está en su origen y que es lo que las acredita y legitima. De ahí mi llamada a todos los miembros de las Hermandades a cuidar especialmente este aspecto. Hemos de procurar que nada ni nadie solape con otras perspectivas o intereses lo que primariamente es un acto de piedad, de penitencia e invitación a la conversión, pues la contemplación de un Cristo barroco, descoyuntado, lacerado y exangüe, en el silencio de la noche del Viernes Santo, sólo entrecortado por la plegaria de una saeta, nos interpela, conmueve, toca el corazón y suscita en nosotros el arrepentimiento y la compunción del corazón. Análogamente, nuestras estaciones de penitencia, que certeramente han sido calificadas como el Evangelio en la calle, encierran unas virtualidades catequéticas y evangelizadoras indudables, que hemos de aprovechar en el marco de la Nueva Evangelización a la que todos estamos convocados. Estas manifestaciones de la piedad popular, llenas de hermosura plástica y sobresalientes valores estéticos, nos remiten al autor de la suprema belleza que es Dios. Su contemplación, por otra parte, nos ayuda a penetrar en el hondón del misterio de la redención, mostrando a los niños, y también a los no creyentes o alejados los acontecimientos cimeros de la historia de nuestra salvación. No podemos dejar que todo esto se pierda o se desvirtúe. Deseándoos a todos, especialmente a los cofrades y a sus familias, una celebración fructuosa de los días santos que se acercan, recibid mi saludo fraterno y mi bendición. Feliz y santa Pascua.
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